Volkswagen Magazine

El primer objeto en ser probado este martes es una pieza roja de un cinturón de seguridad. Jörg Göldenitz levanta la tapa del recipiente que contiene la muestra de la tela e inhala profundamente por la nariz. Esta vez frunce el ceño y agita la cabeza. “Quemado, intensamente picante y acre”, anota en la bitácora y marca 4.5 en su sistema de evaluación –puntaje que oscila entre suficiente y mediocre–. El cinturón tampoco pasa el mismo examen realizado ahora por sus colegas. Este resultado significa que el proveedor debe mejorar el aroma.

»La nariz juega un papel muy importante al comprar un vehículo nuevo«

Jörg Göldenitz 

Göldenitz es un experto olfativo. Un hombre con los pies en la tierra oriundo de la Baja Sajonia que viste una camisa blanca y posee la nariz adecuada. Técnicamente, su puesto es Administrador del Laboratorio de Materiales, Emisiones y Análisis de Errores. Él y sus colegas son parte del departamento de Control de Calidad en Volkswagen en Wolfsburg. En cuanto a olores se refiere, este químico de 47 años es un especialista en este lugar, donde controla sofisticadas tecnologías de procesos y métodos de pruebas, las cuales se realizan en cámaras climáticas.
Hoy en día, su laboratorio distingue entre 150 matices de olores que van desde “similar a las aminas” a jabonoso, o de lodoso a acre. “Si bien este tema desafortunadamente se ridiculiza, es de gran importancia para nuestros clientes”, dice Göldenitz. “La nariz juega un papel muy importante durante el proceso de toma de decisiones al comprar un nuevo vehículo”.
Pero, ¿cómo obtiene su aroma un Volkswagen? ¿Y qué huele tan bien para convencer a los clientes? La segunda pregunta, en todo caso, es bastante fácil de responder. Las cubiertas de asientos, techos y tableros deben, de preferencia, ser inodoros porque a la mayoría de los clientes les gusta un olor neutral. Como cada material sintético contiene aditivos que mejoran sus propiedades técnicas, la ambiciosa meta de “olor cero” no es realista. El reto diario para Göldenitz y sus colegas es asegurarse que los aromas de los componentes individuales no interactúen para generar un hedor desagradable.
Hace falta una serie de pruebas antes de que el aroma de un auto sea considerado sutilmente placentero. Primero, las partes y los materiales utilizados en el interior de un vehículo son examinados por expertos en tecnología de materiales buscando sustancias dañinas o alergénicas –incluso, aquellas partes que no están a la vista, como el aislamiento bajo la alfombra o la espuma en el asiento–.

Jörg Göldenitz, Martina Thomsen-Schmidt (centro), y Marie-Christin Bock checan el aire de prueba, el cual escapa de la bolsa al toque de un botón.
Mediante análisis de emisiones, Jörg Göldenitz identifica sustancias volátiles utilizando muestras de aire, las cuales se filtran de éste utilizando tubos de absorción.

Hoy en día, su laboratorio distingue entre 150 matices de olores que van desde “similar a las aminas” a jabonoso, o de lodoso a acre. “Si bien este tema desafortunadamente se ridiculiza, es de gran importancia para nuestros clientes”, dice Göldenitz. “La nariz juega un papel muy importante durante el proceso de toma de decisiones al comprar un nuevo vehículo”.
Pero, ¿cómo obtiene su aroma un Volkswagen? ¿Y qué huele tan bien para convencer a los clientes? La segunda pregunta, en todo caso, es bastante fácil de responder. Las cubiertas de asientos, techos y tableros deben, de preferencia, ser inodoros porque a la mayoría de los clientes les gusta un olor neutral. Como cada material sintético contiene aditivos que mejoran sus propiedades técnicas, la ambiciosa meta de “olor cero” no es realista. El reto diario para Göldenitz y sus colegas es asegurarse que los aromas de los componentes individuales no interactúen para generar un hedor desagradable.
Hace falta una serie de pruebas antes de que el aroma de un auto sea considerado sutilmente placentero.

Primero, las partes y los materiales utilizados en el interior de un vehículo son examinados por expertos en tecnología de materiales buscando sustancias dañinas o alergénicas –incluso, aquellas partes que no están a la vista, como el aislamiento bajo la alfombra o la espuma en el asiento–. Si son inofensivas, el segundo paso es que las exigentes narices las pongan a prueba.

Los especialistas del laboratorio prueban los materiales en tres diferentes estaciones. Para comenzar, está el laboratorio de olores para secciones de componentes en frascos. Luego aparece una cámara para partes más grandes, como volantes o puertas. Finalmente, tenemos el banco de pruebas de vehículos, una especie de garaje para el auto completo. Aquí se olfatea la totalidad del interior. En cada uno de estos casos, el método es el mismo: el material se calienta para intensificar su aroma. Las calificaciones de Göldenitz y sus dos colegas son las que finalmente deciden si se permitirá instalar el material en los vehículos o si éste debe ser mejorado.

»Una vez tuve un componente que olía a salchicha de hígado«

Jörg Göldenitz

La experiencia de los científicos se toma en cuenta desde la fase temprana de desarrollo de nuevos modelos o componentes. “Básicamente siempre soy el primer asignado para olfatear porque, gracias a mis 15 años de experiencia, distingo inmediatamente los olores de la mayoría de los materiales de construcción”.
Él también asesora a varios departamentos de Volkswagen sobre conceptos de materiales y procedimientos de producción. Si hay quejas de los pilotos de pruebas de casa o de clientes, Göldenitz se encarga de encontrar la causa. “Algunas veces esto involucra trabajo verdaderamente detectivesco porque tengo que incorporar la información de todas las pruebas”, comenta.

Algunos materiales son desecados de vidrio. El desecante en la parte inferior elimina la humedad.
Una pieza de cada componente interior es removida y analizada para descubrir cómo huele bajo diversas condiciones.

Las pruebas de olor se realizan dos veces al día para asegurarse que “las narices examinadoras” tienen tiempo para descansar y recuperarse. Por cada ciclo, se analiza un máximo de ocho frascos.
Básicamente hay dos tipos de pruebas. Los materiales que absorben y retienen agua fácilmente –como espumas, piel y tapicería– se calientan a 40 grados Celsius en condiciones húmedas y cálidas. Todos los otros elementos se almacenan en seco por dos horas a 80 grados.
Algunas veces, Göldenitz olfatea cosas incluso cuando los aparatos electrónicos más avanzados no detectan nada. Y, en ocasiones, su examen olfativo arroja resultados sorprendentes. “Una vez tuve un componente que olía a salchicha de hígado. O, para ser más preciso, una deliciosa y picante salchicha Palatinate de hígado”, dice el químico. Sobra decir que este material fue un fracaso rotundo.

Prueba de olor en el banco de pruebas de vehículos

Este método implica tomar una muestra de aire a temperatura ambiente durante la primera pasada del Volkswagen. Tres probadores toman turnos sentándose en el asiento del conductor y evalúan sus primeras impresiones olfativas. Durante la segunda prueba, el interior se calienta a 65 grados Celsius utilizando cuatro radiadores infrarrojos, después de lo cual se toma una muestra de aire y se realiza la prueba de nariz.

Es imposible que todos los vehículos Volkswagen tengan un aroma uniforme porque el equipamiento en cada modelo es diferente. Aún así, hay objetivos definidos por un estándar que igualmente refleja las modas y preferencias del día. Hasta mediados de los años noventa, el aroma de materiales sintéticos era la prueba de un auto nuevo para el público en general; hoy en día, la obligación es minimizar los olores en general.
Hay un solo aroma que continúa siendo muy deseable –el de la piel–. La mayoría de los clientes tiende a asociarlo con un sentimiento de bienestar y calidad. En contraste, en China este olor es considerado desagradable. El equipo de 12 miembros se encargó de este problema hace tiempo: actualmente, los modelos Volkswagen que se comercializan en China solo utilizan piel con olor inherente bajo.

Condiciones tropicales: Jörg Göldenitz olfatea un auto que ha sido calentado utilizando luz ultravioleta.