Volkswagen Magazine

Beetle

Fuerza natural.

No recuerdo la última vez que la madre naturaleza –junto con el cambio climático– nos regaló todas las estaciones del año en menos de 48 horas. Tampoco evoco un auto con el cual pudiera enfrentar tales condiciones, mucho menos que fuera capaz de convertirlas en un excelente viaje.

Texto John Miranda
Fotografía José Luis Ruiz

En plena víspera de la llegada de uno de nuestros autos consentidos, se anunciaba el choque de dos frentes fríos que traerían consigo una serie de lluvias, bajas temperaturas y, por si fuera poco, impresionantes ráfagas de viento. Se recomendaba no salir, pero al ver la silueta totalmente renovada de Beetle DUNE, el deseo de manejarlo y probarlo se volvió una necesidad. ¿Cómo no va serlo? Si por sí solo este auto grita: “Mírenme, estoy listo para salir”.

DUNE no es un Beetle convencional; de hecho, me hizo reconsiderar mi devoción por aquel R Line con caja manual que probé en Nueva York. De primera vista, todo es diferente: las defensas, los rines en 18 pulgadas con ese acabado espectacular, el spoiler trasero o el exclusivo color amarillo sandstorm, que contrasta con el negro brillante del toldo y finaliza en el portón trasero, incluso el cristal del techo corredizo puede pasar desapercibido ante tal acabado, a menos de que lo accionemos.

Sin embargo, hay algo que invariablemente lo distingue de toda la gama: esos pasos de rueda tipo Cross en las salpicaderas que van fusionándose alrededor del auto, hasta encontrarse con los estribos y la zona baja de las defensas donde, por cierto, también encontraremos tomas de aire para la parte frontal y un deflector en el área de los escapes en la parte posterior. Visualmente, esta versión luce más robusta, lo que de inicio ya nos advierte que este “pequeño” oculta algo especial. Así que no había duda, Beetle DUNE estaba más que dispuesto a sorprenderme, pero entonces, ¿a dónde vamos? El temporal se encontraba estacionado en la parte central del país, justo donde hay una cantidad innumerable de escenarios y orografías para recorrer en tren, autobús, caballo y, por supuesto, en auto, a través de las diferentes carreteras y autopistas que en cuestión de horas nos pueden poner junto al paisaje semidesértico del estado de Hidalgo, o al pie del majestuoso volcán Popocatépetl, recién nevado por el temporal.

» SE RECOMENDABA NO SALIR, PERO AL VER LA SILUETA TOTALMENTE RENOVADA DE BEETLE DUNE, EL DESEO DE MANEJARLO SE VOLVIÓ UNA NECESIDAD «

Uno no podría imaginar que el escarabajo más famoso pudiera estar tan dispuesto a la diversión. Las superficies irregulares y terrenos difíciles son su mejor elemento.

La salida es a muy temprana hora, casi no hay tránsito y Beetle DUNE revela el buen manejo urbano que desde su primera generación ha demostrado, aunque éste, en especial, se nota más dócil, suave; vamos, más cómodo. Conforme el camino citadino va dejando paso a la carretera, dichas sensaciones se acentúan, pero, a pesar de que la marcha del auto es muy grata, aún no consigo descifrar su secreto, ya que en el DUNE se ha decidido partir de la misma plataforma empleada en Beetle y todas sus versiones actuales; de hecho, nuestro divertido y aventurero vehículo sigue siendo tan mexicano como sus hermanos o el desayuno que obligadamente tuvimos que hacer antes de continuar rumbo a la zona más árida de Tula, en Hidalgo.

Sequía sin final

Apenas un par de horas más tarde, el mal clima de la ciudad había quedado atrás, no había frío ni lluvia, aunque sí nos acompañaban los característicos aires del estado que no ayudaban mucho a mitigar el calor de un árido paisaje, invitándonos a buscar lo que el auto más anhelaba, aventura, y ésta apareció sobre un camino de terracería flanqueado por pequeñas dunas acompañadas del calor incesante de aquella región. Con el DUNE perfectamente plantado sobre la arenosa superficie y las irregularidades propias del lugar, fue entonces que logré descifrarlo: este es el Beetle con más confort que he manejado, es tan cómodo en su marcha como cualquier sedán, tiene la agilidad de un compacto deportivo –aunque, obviamente, luce como coupé–, pero, sorprendentemente, puede librar obstáculos, cruzar vados, charcos o montones de tierra como si de un crossover se tratara.

Las luces traseras LED son una llamativa innovación en Beetle DUNE.

Y es que la gran responsable de todo esto es la nueva configuración de su sistema de suspensión independiente adelante y four-link atrás, la cual ha sido revisada para ofrecer gran confort y calidad de marcha, permitiéndole ser más…práctico al momento de ir más allá del asfalto, donde, sin duda, el auto se sintió bastante cómodo, permitiéndome incluso jugar con el control de tracción y las bondades de su dirección electrohidráulica. Indudablemente, quien no conozca la historia o las especificaciones de este vehículo, se sorprendería al darse cuenta lo que puede hacer la tracción delantera, un buen bastidor y ganas de divertirse sobre cualquier tipo de terreno. Comprobado lo anterior, resulta curioso recordar que muchas veces, hasta antes de su llegada oficial, se le vio como un inmaculado prototipo en numerosos autosalones; en esta ocasión, Beetle DUNE hizo de la sequía hidalguense su propio patio de juego.

Beetle DUNE pone su propio sello a los accesorios de serie. Costuras amarillas y asientos especiales son parte de su personalidad.

Cambio de latitud

Nos fuimos de Hidalgo con cierta tristeza por dejar la diversión de la arena y sus dunas, aunque el sentimiento se olvidó rápidamente con rumbo al Estado de México, hogar del coloso más famoso de México, el volcán Popocatépetl. Antes hubo que circular por una excelente autopista, donde la tónica de Beetle DUNE fue la misma: gran aplomo y buen manejo que, inevitablemente, invitan a dejarse consentir por los excelentes acabados y detalles en el interior. Recordemos que esta versión usa como base a Beetle Turbo, aunque el sello de DUNE está por todas partes, desde las costuras y el emblema del volante, la tapicería de los asientos, pasando por los detalles al color del auto en el tablero y la consola, hasta la nueva iluminación del mismo y los instrumentos. La experiencia se complementa con un sistema de audio firmado por el especialista Fender y una unidad principal que cuenta, entre varias funciones, con el multigalardonado sistema Volkswagen App - Connect.

Casi tres horas después estábamos llegando al pintoresco municipio de Amecameca, donde nos recibió un clima totalmente diferente y adverso. El frío que se arrastraba con las ráfagas de viento y la presencia momentánea de aguanieve me hizo reconsiderar subir hasta el refugio de Tlamacas, justo al pie del volcán, aunque en el fondo sabía que Beetle DUNE aún esperaba otro desafío. Entonces, con las primeras horas de la tarde, iniciamos el ascenso hacia dicho lugar por una carretera que conforme se aleja de la civilización, se torna más sinuosa y angosta, además de que, a causa del temporal, se encontraba húmeda, con gran cantidad de ramas y hasta restos de árboles derribados; el ambiente propicio para despertar al motor 2.0 litros TSI con transmisión DSG.

» BEETLE DUNE HIZO DE LA SEQUÍA HIDALGUENSE SU PROPIO PATIO DE JUEGO «

Una avanzada de tecnología y gadgets nos acompañó en cada kilómetro recorrido. Al final, logramos adentrarnos al territorio de un gigante dormido, el Popocatépetl.

Sabía que eventualmente el auto libraría cualquier obstáculo (rama o tronco), pero nunca imaginé la contundencia y seguridad con que apuntaría en cada curva del camino, haciéndolo tan fácil ¡cuando en realidad no lo era!, ya que, a medida que ganábamos altura, la humedad se convertía en nieve y en algunos tramos hasta lodo; sin embargo, Beetle DUNE seguía empujando con el turbo a 12 libras –medidas en el turbo gauge del tablero– apoyado por el eficiente sistema XDS de bloqueo electrónico del diferencial. Por su parte, la DSG hacía lo propio al mantener las revoluciones bien arriba y exigir al máximo los 210 HP que, para entonces, estaban ya perfectamente adaptados al ritmo de manejo. Mención honorífica para los frenos de disco que, a pesar de la exigencia, mantuvieron su buen rendimiento, evidenciando las bondades y la buena respuesta del sistema ABS.

A medida que nos acercábamos al refugio, la nieve fue tomando lugar en la carretera, hasta que no cedió más y las condiciones finalmente empeoraron; esta vez había mucho frío y humedad. Por si fuera poco, comenzaba a caer la noche, aunque para los faros bi-xenón con luz diurna de LED no representó mayor problema conducir el auto por la complicada zona donde, sin pedírselo y mostrando gran precisión, los sistemas electrónicos de seguridad, como el sistema de arranque en pendiente (HHC), el control de estabilidad (ASR) o el de tracción (ESC), mantuvieron las cuatro llantas del DUNE bien pegadas al suelo, hasta el grato momento en que, de entre la inmensidad del paisaje y con su infaltable fumarola, apareció “Don Goyo”, totalmente vestido de blanco, tal como si él mismo hubiese decidido recibir a Beetle DUNE iluminándose con la luz dorada que va dejando la puesta del sol, mientras nosotros admirábamos el momento, así como el glorioso paisaje que aun con mal tiempo nos había regalado días como estos, ideales para disfrutarse con este tipo de auto. ¿Quién lo iba a decir? Un ícono de las dunas desérticas visitando un volcán nevado.

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