Volkswagen Magazine

Polo

Heredero legítimo.

Cuando la agenda del fin de semana incluye visitar un pueblo mágico y andar en bici, pero al mismo tiempo sabes que tienes que trabajar con un auto como Polo GTI, no hay mucho que pensar antes de tomar camino rumbo a la diversión.

Texto: John Miranda
Fotos: Carlos Quevedo
La correcta representación de la tradición GTI se manifiesta en su atrevido manejo.

La invitación llegó por parte de un amigo experto en downhill y enduro (disciplinas del mountain bike), para realizar una ruta a través del Corredor de la Montaña, en el estado de Hidalgo. Antes de involucrarme en el tema, inevitablemente mi mente asoció al CrossGolf, Tiguan e incluso CrossFox. Y como ya era demasiado tarde para solicitar alguno, las responsabilidades del reto, el transporte y la diversión, inmediatamente recayeron sobre el nuevo Polo GTI.

“Bien: hace un par de meses manejé un Polo normal hasta Taxco, Guerrero, un lugar de caminos complicados y mucho calor, donde el auto fue bien en todo momento”, pensé. Rumbo al corazón de la sierra hidalguense, el panorama fue todo lo contrario… Y es que no solo se trataba de llegar al destino, eso en realidad fue mero protocolo para este GTI; las sorpresas comenzaron muy pronto, dado el segmento al que pertenece.

Volkswagen
Polo GTI

Motor: TSI 1.8 L turbocargado
Potencia:
190 HP
Torque:
250 Nm
Aceleración 0-100 km/h:
6.7 segundos

Así que si te preguntas: “¿puedo transportar lo que sea en mi Polo?”, la respuesta es un rotundo sí. Por lo tanto, con dos bicicletas en rack, tres mochilas medianas y dos horas después, nos encontrábamos en el corazón de este majestuoso sitio donde habita un denso bosque de oyameles, cedros y madroños.

La luz de la tarde cedía paulatinamente ante las nubes que auguraban una lluvia inevitable, acompañada por corrientes de aire frío y neblina. Este clima es característico de la región conocida como Mineral del Chico, una reserva que tuvo el privilegio de ser la primera zona natural protegida del país, y un espacio perfecto tanto para nuestras intenciones ciclistas como para comprobar qué tanto de GTI tenía nuestro Polo.

COMO EN CASA

La lluvia no cesó, tampoco nuestra intención de llegar al Mirador del Cuervo. Y justo en ese trayecto, a través de una sinuosa ruta flanqueada por un bosque que en algunos sectores se ha deslavado sobre la carretera, Polo GTI comenzó a mostrar sus cualidades, dejando en claro que este tipo de caminos es su ambiente ideal. Y es que, independientemente de sus capacidades dinámicas, las bondades de este vehículo sobrepasan las expectativas de quien es fiel al espíritu del hermano mayor, el Golf GTI, porque la manera en que este pequeño responde no es la de un hatchback “normal”.

Mineral del Chico reúne la magia de un pintoresco pueblo minero con el espíritu aventurero de su entorno boscoso.

»Polo GTI comenzó a mostrar sus cualidades, dejando en claro que este tipo de caminos es su ambiente ideal

Su entusiasmo y disponibilidad para atacar cada metro del trayecto resultan tan divertidos como confiables; hay 190 HP en el motor TSI 1.8 L turbocargado, acoplado a una transmisión DSG de siete marchas listas para enfrentar lodo, gravilla, ramas o la mejor de las autopistas. En cualquiera de los casos, unos frenos ABS –también de GTI– parecían infatigables, a pesar del constante castigo.

Cada curva presentaba un desafío diferente y desde el volante, el auto parecía resolverlo tan fácilmente que, por momentos, consideré olvidarme de las bicicletas para dedicarme a hallarle una explicación al excelente comportamiento del Polo GTI. Me monté en las dos ruedas con todo lo anterior en mente, tratando de atar cabos entre los desperfectos del camino y lo bien que el auto se había comportado, mientras que yo libraba mis propios obstáculos sobre un terreno totalmente empedrado, con pequeños riachuelos formados por la lluvia aminorados por la suspensión ajustable y frenos hidráulicos de la bicicleta.

Entonces lo supe: los 250 Nm de torque de Polo GTI solo pueden gestionarse mediante una asistencia electrónica perfecta, y sí, el auto por sí solo dio una muestra de cómo deben funcionar los controles de tracción y estabilidad, bloqueo electrónico de diferencial, además de una distribución electrónica de frenado, situación aprovechada para recargar la batería mediante un sistema de recuperación de energía, esa que en nosotros comenzaba a ser escasa, pues habíamos sustituido la comida por sorpresas, velocidad y downhill.

Una vez instalados en la mesa para degustar alimentos típicos, indagué un poco en la red hasta que, por obra del destino o la ingeniería, resultó que este Polo GTI mide exactamente lo mismo que el Golf GTI de segunda generación de 1984, una plataforma sobre la que se montaron grandes desarrollos como el compresor G60 o la tracción Syncro. Así que tú dirás: ¿es o no digno heredero de estas siglas?

Mineral del Chico reúne la magia de un pintoresco pueblo minero con el espíritu aventurero de su entorno boscoso.

FUSIÓN PERFECTA

El descenso hacia el pueblo de Mineral del Chico implicó recorrer empedradas y angostas calles. En este punto, Polo GTI nos enseñó otras de sus bondades: la comodidad y el hermetismo de su habitáculo, donde quizá más elementos GTI encontramos. Muestra de ello son los baquets tapizados en la legendaria tela a cuadros conocida por los entusiastas como “Interlagos”, y que para esta nueva aplicación se denomina “Clark”.

El manejo preciso está muy ligado al volante deportivo multifunción tapizado en piel con costuras rojas, que luce rasante en su zona más baja e incorpora las manetas de cambios para la DSG. La iluminación del tablero y la consola también se ve muy GTI. Los tonos predominantes son rojo, gris o negro, como marca la tradición del afamado hatchback, y entre todas estas amenidades, uno incluso olvida que va en un pequeño deportivo de tres puertas que puede aumentar al doble su capacidad de carga gracias al respaldo trasero abatible y la colocación de accesorios, como nuestro rack portabicicletas.

»Un espacio perfecto tanto para nuestras intenciones ciclistas, como para comprobar qué tanto de GTI tenía nuestro Polo

Finalmente llegamos a la plaza central, tan pintoresca como el resto de la región. La llovizna era incesante pero tolerable, dando identidad propia a este sitio, cuyos orígenes están unidos a la minería y que hasta hoy conserva parte de ese patrimonio en algunos de sus yacimientos. Justo en el centro, un quiosco comparte el jardín con la Iglesia de La Purísima Concepción, construcción edificada entre los siglos XVII y XIX y que presume al mundo un reloj similar al Big Ben de Londres. Al tomar un café en alguna terraza, se tiene la perspectiva real del pintoresco lugar, como si fuera una maqueta, los colores y las texturas clásicas contrastan entre ellos, no obstante la silueta del auto logra fusionarse con el entorno, tal como lo hacen el diseño tradicional de las parrillas GTI y el infaltable ribete rojo, que para esta versión de Polo GTI se extiende hasta los faros principales, acompañándose de un par de logotipos laterales, rines en 17 pulgadas y techo corredizo.

La jornada había sido demandante y nuestra condición física parecía no ser tan buena como la del auto que, para las primeras horas de la noche, seguía entusiasmado por devorar kilómetros. Así que, antes de llegar al hotel para descansar, lo llevamos por un último tramo de carretera no menos complicado, sino al contrario: estaba oscuro y lluvioso. Pero Polo GTI fue sacando los ases que traía bajo la manga, tales como un sistema de iluminación Full LED o el sensor de lluvia automatizado, al tiempo que leía cada una de mis órdenes al volante por medio del detector de cansancio.

En realidad nada hubo que no estuviera dispuesto a hacer, por instantes me dejaba sentir su instinto rallista heredado de Polo R WRC y su facilidad para superar desperfectos en el trayecto, pero también me sorprendía el control y la facilidad con que puede llevarse, a pesar de su explosividad y tendencia a ir muy rápido dignas del GTI, con lo cual confirmo que desde su anterior motor 1.4 L de doble compresor, hasta la llegada de su actual 1.8 L turbocargado, la misión siempre ha sido la misma: transmitir emoción.