Volkswagen Magazine

Historia

Ya estaba escrito.

Mucha gente no cree en el destino. Lo considera una serie de casualidades o eventos que coinciden de manera incidental, pero la realidad es que dichos acontecimientos no ocurrirían si en nuestro interior no existiera esa fuerte fijación por añorar y eventualmente.

Texto Jonathan Miranda
Fotos Carlos Quevedo

Para el restaurantero Jorge Hagstotz, Volkswagen se volvió parte de su familia. Todo comenzó en 1965, cuando su padre compró un Sedan el mismo día en que nació su hermana, coronando así uno de los días más importantes de su vida con un “escarabajo” azul golfo y que prácticamente se volvió el hermano gemelo, ya que desde entonces formó parte del núcleo familiar. Con este preámbulo nos damos cuenta de lo importante que se vuelven los autos para algunos entusiastas.
Corrieron los años y llegó otra fecha significativa: el 10 de mayo (de 1967), que para los mexicanos es muy especial, ya que se celebra el Día de las Madres. La actividad comenzó con un regalo muy peculiar: una Combi, que estaba estacionada fuera de la casa, curiosamente del mismo color azul golfo que el Sedan.

Cada detalle de la Combi ha sido restaurado con mucho cariño, como se cuida a alguien de la familia.

Dice un refrán: “la intención es lo que cuenta” y en este caso se aplica al cien por ciento, ya que su madre aún no sabía manejar. Y así, a sabiendas que el volante pasaría más bien a las manos del padre, ella lo tomó con filosofía y esa misma fecha la Combi se volvió parte muy importante en sus vidas.
Contaron los días y las horas para subir sus maletas y comenzar las vacaciones de verano más inolvidables, y que con el tiempo motivaron su decisión de conocer los más lejanos rincones del país, tarea que llevaron a cabo en cada día de asueto o periodo vacacional durante muchos años.

La familia es hoy más grande. En los viajes los acompañan sus queridos Golden Retriever.

Contaron los días y las horas para subir sus maletas y comenzar las vacaciones de verano más inolvidables, y que con el tiempo motivaron su decisión de conocer los más lejanos rincones del país.

La compañera perfecta. 

Y cómo no iban a disfrutar de cada viaje, si la Combi es una furgoneta de pasajeros muy versátil; un Volkswagen tipo 2 que los llevó de manera eficiente por toda la República Mexicana, que a través de sus 13 ventanas les mostró cada detalle del bello paisaje nacional y con un motor boxer de cuatro cilindros que empezó a sumar kilómetros y kilómetros de aventura. El vehículo los enganchó desde el primer momento, ya que representaba el espíritu libre de las familias que se mueven juntas. Sus formas simples se quedaron grabadas en la memoria de miles de usuarios,
volviéndolo un ícono de la época. 

El primer adiós. 

Años más tarde –como sucede a muchas familias mexicanas– les llegó la crisis y su madre, sin consultarlo, vendió la Combi que estaba a su nombre. Con ese dinero ayudó a pagar una deuda que la familia había contraído con la idea de echar a andar un restaurante, proyecto que no veía la luz y que era necesario para estabilizar a la familia. Cuando su padre se enteró de esta decisión se molestó tanto que casi se divorcian, pero al fin con ese dinero pudo completar para inaugurar el negocio que actualmente es exitoso y ha sido el sostén económico de la familia desde aquel tiempo: un restaurante apadrinado por una Combi. 

Un reencuentro inesperado. 

Pero la historia no termina aquí. Quizás algunos de ustedes se pregunten qué fue de la Combi. Pues resulta que se vendió a un conocido de la familia. Años más tarde, cuando ya estaban mejorando la situación económica, el padre de Jorge intentó recuperarla por el cariño y significado que representaba para sus seres queridos. Desgraciadamente esta persona ya la había vendido, motivo por el cual se terminó la amistad. Esa Combi había sido cómplice de aventuras, risas y momentos felices, por eso fue muy doloroso pensar que ya no la volverían a ver jamás.  

En 1999 murió el papá de Jorge y su madre los dejó también en 2005. Por azares del destino, un amigo –amante de los autos– se hizo de una Combi en pésimas condiciones, la cual comenzó a reparar hasta el 2008. Un buen día, en una reunión recordando a sus progenitores, se enteraron del proyecto de restauración; visitaron su garaje para verla y aquí es donde se pone interesante el asunto. Habrá gente que no crea en el destino, pero… ¿cómo llamarle de otra forma? Esa era “su” Combi. Fueron rápidamente a constatarlo cotejando los papeles que tenían guardados y ¡los números de serie coincidían!
Su amigo no estaba enterado de la historia de esa Combi y era un proyecto que quería terminar, pero Jorge lo convenció y él mismo terminó de arreglarla.  

Resucitando el pasado.

El primer paso consistió en conseguir en Estados Unidos y Alemania una serie de piezas clave: tacómetro, voltímetro, medidor de presión y temperatura de aceite para cuidarla más durante los traslados. Pero un paseo no es el mismo si no puedes ir acompañado de tu música favorita, por lo que le instaló un radio AM-FM ocho tracks de la época que su padre tenía guardado.
Las vestiduras tuvieron que renovarse, y cuando terminaron con el interior, comenzaron la restauración en la carrocería. Al raspar la pintura se percataron de que ya tenía cuatro capas de pintura previa, por lo que el pintor tardó más en dejarla como nueva. 

El regreso del hijo pródigo.

Y llegó el gran día en que volvió a oírse el claxon de la Combi tocar afuera de su puerta, sólo que después de 38 años. La historia se repitió, pero esta vez son Jorge, junto con su mujer e hijos, quienes replican lo que hacía con sus padres y su hermana: aprovechan cada oportunidad para salir y viajar en familia. Con una sorprendente vida de más de 77 mil kilómetros, hoy han recorrido casi toda la República Mexicana y parte de los Estados Unidos. “Gracias a Dios y a la excelente mano de obra alemana, hemos regresado a casa sin ningún contratiempo. En cuanto a fallas, lo común: llantas ponchadas, se ha roto la banda del generador, en el viaje a San Antonio se rompió la manguera de la gasolina, pero nada que ponga en peligro nuestras vacaciones”, comenta Jorge con emoción y agrega: “es una gran compañera, lo único que nos falta visitar en ella es Los Cabos. 

Y llegó el gran día en que volvió a oírse el claxon de la Combi tocar afuera de su puerta, sólo que después de 38 años.

Se nos antoja embarcarnos en Mazatlán y subir hasta Tijuana, y de ahí regresarnos poco a poco a Querétaro. Este va a ser sin duda uno de los más largos y memorables recorridos que haremos en la Combi”.
La familia es más grande, ya que ahora les acompañan sus mascotas, que incluyen una banda de Golden Retrievers, un par de gatos y el nuevo integrante, que se anexó el mismo día de esta entrevista: una pequeña Rottweiler adoptada, que se encontraron abandonada en la carretera.
“No siempre tenemos oportunidad de viajar con los perros y los gatos, porque en México no hay muchos lugares que permitan hospedarse con animales. Cuando salimos con ellos es para acampar y cabe mencionar que las mascotas, viajan más cómodas que mis hijos”, bromea.
Y remata: “El viaje de nuestros sueños es embarcarla en Veracruz para que se vaya a Alemania, alcanzarla en avión y empezar una nueva aventura, pero ahora en Europa”. Y estamos seguros de que a esta historia le quedan muchas páginas por escribir.